Desde hace rato vengo pensando que la historia se desbarata
con las biografías y, por supuesto, con las autobiografías. La subjetividad que rezuman estos textos es innegable y, por lo tanto, tienden a autodestruir el original. Solo los hechos
escuetos hacen viable y conocida a la historia. De resto, grandes trechos de
subjetividades van construyendo distintas clases de episodios, a menudo inconexos, que
unos cuantos se encargan de encadenar y otros de confundir. Creo que Popper
habló de esto algún día pero no estoy dispuesto a jurarlo.
lunes, 7 de octubre de 2019
sábado, 5 de octubre de 2019
los tres libros
Este episodio de la vida real
sucedió así: en un pasillo por el cual circulaban los cientos de participantes
del Congreso Nacional de Historia en Armenia, el pasado 3 de octubre, me
encontraba tratando de responder a la pregunta de un amigo antioqueño quien
quería conocer mi versión sobre los libros que se habían utilizado para la
enseñanza de la historia en Colombia en el siglo pasado.
En realidad la inquietud concreta
consistía en saber si el libro de historia de Henao & Arrubla todavía se
usaba o, por lo menos, si había un sucesor. En esos momentos pasó por mi lado
un miembro de la academia quindiana a quien agarré del brazo y, sin muchos
preámbulos, se lo presenté así a mi colega de Medellín: --“Mira, este es el
autor de la “Historia Socioeconómica de Colombia”, en compañía de la
historiadora Margarita Peña, un libro de culto que cubrió esta asignatura de
bachillerato por varias décadas al final del siglo XX”.
El tímido Carlos Alberto Mora
Buitrago bajó los ojos, se ruborizo un poco pero no atinó a negar que ese libro
suyo cobijó la enseñanza de historia en Colombia por un largo lapso con la
bendición del Ministerio de Educación de su época. Muchísimas ediciones y
ejemplares salieron de las imprentas de Norma entre 1983 y 2002 en un formato
de fácil lecturabilidad, ilustrado con mapas, cuadros, índices, dibujos,
borradores cartográficos y fotos antiguas y de actualidad. Alguien decía que el
famoso texto del mexicano Daniel Cossío hubiese podido ser una referencia de
Mora para elegir el formato más apropiado para la enseñanza.
Lo que Mora Buitrago suele omitir de sus trabajos en
torno a este libro es la verdadera noticia del mismo: en un debate del senador
Alvaro Gomez Hurtado al Ministro de Educación durante el cuatrenio de Barco, el
político levantó la mano con el libro de Mora diciendo que era una obra
comunista y por lo tanto que el ministro conservador debía retirarlo del
mercado y, por supuesto, de las aulas escolares. Así se hizo y el libro, hasta
la actualidad, pasó a las páginas de un Índice
conservador que se llevó de calle a otras obras, como los libros de Vargas
Vila, acusadas de pecados de los que habría que salvar a los jóvenes.
Mi reflexión personal va un poco más allá de la
anécdota: terminado el reinado del libro de Henao & Arrubla, sobre el cual
se han dicho muchas cosas, fue el momento de la “Historia Socioeconómica de
Colombia” en las aulas escolares. Y ahora, uno de los ilustres visitantes al
Congreso de Historia, Jorge Orlando Melo, ha escrito la “Historia Mínima de
Colombia” que cubrirá la enseñanza de la historia por muchas décadas más. Estos
tres libros, más el libro de Salomón Kalmanovitz sobre el mismo tema publicado
hace unos años, son un estupendo abrebocas histórico a la realidad económica y
social del país.
Creo que la inquietud de mi amigo antioqueño quedó
despejada y que nosotros también podemos encontrar, con estos testimonios, el pretexto para hacerle un
reconocimiento a quien no puede ya ocultar sus verdaderos y eruditos aportes a
la historia de Colombia. Mora Buitrago vive por estos andurriales y no solo es
un emblemático amigo de la academia, sino un investigador que aprecio y
respeto.
martes, 24 de septiembre de 2019
la duda en la política
"Dado que la política democrática no es una ciencia exacta, es
más, dado que está muy lejos de ser algo parecido a una ciencia exacta, la duda
se encuentra instalada a la mitad de la sala. Dado que existen diversos
diagnósticos y propuestas, desiguales corrientes de pensamiento, intereses
varios, dado que las pasiones nunca pueden ser desterradas, que lo que resulta
venturoso para unos puede derivar en una desgracia para otros, que lo que
funciona en una región puede no ser bueno para otra, etcétera, la duda está —o
debería estar— en el centro del debate público". José Woldenberg, escritor mexicano en la revista digital Nexos.
lunes, 23 de septiembre de 2019
billetes dispersos en la carretera
La revista digital Fronterad, que se publica en España centrada en el periodismo narrativo, no deja de darnos
sorpresas agradables con sus colaboradores. Esta vez se trata de un relato de Luis Carlos
Nieto quien describe un sugestivo pasaje de su experiencia en una carretera
española.
"El día 6 de
junio de 2016 nos convocó Andrés Sorel en el Episcopio de Ávila para presentar
dos libros suyos. Nuestro amigo Nino presentaba las Antimemorias de un comunista
incómodo y mi encargo consistía en presentar la reedición
de Las voces del
Estrecho. Presenté el libro recordando un suceso que nos
ocurrió tiempo atrás, en tres escenas y una realidad. Decía así:
Escenario
Una noche de verano en
Ávila. Años setenta. Pura transición, organizábamos lo que llamamos la Semana
Cultural de Castilla y León, en la entonces Casa de la Cultura, donde
celebrábamos debates y conferencias sobre cultura y política.
Primera escena
En un coche viajábamos
cinco personas entre ellas Andrés, Ana (su compañera) y yo. Íbamos despacio
porque la conversación era intensa. Al terminar de bajar la cuesta de la ermita
de Sonsoles nos adelantó un coche. Momentos después una nube de polvo lo
envolvió todo y paramos. Nos bajamos sobrecogidos.
Segunda escena
Se va despejando la nube
de polvo y delante de nosotros aparece un coche partido, destrozado y trozos de
chapa por todos lados. No había nadie y la cuneta y el asfalto estaban llenos
de billetes de mil pesetas. Muchos billetes de mil pesetas.
Cuando nos serenamos
oímos que desde el trigal venía una queja leve y una respiración cada vez más
fuerte. Era una persona herida que necesitaba auxilio y que estaba tendido
entre los surcos. Nos acercamos, le tocamos sin moverle y hacíamos lo poco que
sabíamos, que era animarle para que respirara, para que siguiera viviendo. Queríamos
que siguiera viviendo.
Aunque había poco
tráfico al cabo de unos minutos pararon otros coches. Una persona tomo el pulso
al herido y otros fueron a llamar a una ambulancia. Y nosotros intentando
convencerle de que se quedara en la vida.
Tercera escena
Irrumpe en escena un
hombre fuerte, voz ronca. Hombros anchos y cabeza más bien pequeña. Se dirige a
nosotros y nos increpa diciendo que la carretera estaba llena de billetes, que
dejáramos al herido y que entre todos recogiéramos el dinero, que estas cosas
siempre traen problemas. El hombrecillo no quería problemas. A nosotros se nos
había olvidado el dinero de la carretera, y seguíamos animando al herido,
hablándole para ver si con palabras le atábamos a la vida.
El hombrecillo de la voz
ronca y decidida no paró de recoger billetes hasta que llegaron las
ambulancias. No preguntó cómo estaba el herido. Andrés le miró todo lo mal que
pudo sin decir palabra.
La realidad
El herido en el
accidente sobrevivió a pesar del impacto tan fuerte (por eso lo cuento),
imagino que no por nuestras palabras de aliento, sino porque llegaron las
ambulancias y después los médicos harían un buen trabajo y el motivo de que
hubiera aquella parva de billetes dispersos por la carretera era porque se
trataba de un empleado de banca que venía de recoger la recaudación de los
pueblos de la sierra".
domingo, 22 de septiembre de 2019
la meritocracia se muere
Un hallazgo muy
interesante para las empresas colombianas: al menos en los Estados Unidos, por
ahora, hay señales de que la meritocracia está en decadencia. Luego de mucho
tiempo en que, por influencia de los programas organizacionales, se estableció
que las promociones dentro de las empresas se obtienen a través de la habilidad
y el esfuerzo, y que la versión de que las recompensas sociales y económicas
deben ser consecuencia de los logros (un ideal que servía como estímulo a los
empleados), de repente esa imagen empieza a ser devaluada por los hechos.
La movilidad ascendente no es tan frecuente como parece; es más bien un simulacro, en tanto que la meritocracia es un mecanismo, abierto u oculto, de concentración y transmisión de la riqueza entre las familias y grupos dominantes. La globalización es resultadista y allí no valen las disculpas sino la ley de la selva. Lo más grave aún: en investigaciones realizadas en EEUU se revela que las clases medias en la actualidad carecen de mecanismos claros para el ascenso pues cada vez más se consolida la desigualdad entre los trabajadores.
La movilidad ascendente no es tan frecuente como parece; es más bien un simulacro, en tanto que la meritocracia es un mecanismo, abierto u oculto, de concentración y transmisión de la riqueza entre las familias y grupos dominantes. La globalización es resultadista y allí no valen las disculpas sino la ley de la selva. Lo más grave aún: en investigaciones realizadas en EEUU se revela que las clases medias en la actualidad carecen de mecanismos claros para el ascenso pues cada vez más se consolida la desigualdad entre los trabajadores.
Los que logran “llegar a la cima” son fácilmente
requeridos por sus patronos a que trabajen más y más, con mucha mayor
intensidad, dado que tienen el privilegio de una educación costosa la cual
debería representar altos y buenos beneficios para la empresa contratante. Los éxitos
de la meritocracia consisten en que a ciertos empleados se los pueda explotar más
y mejor.
Por muchos años la agencia del Servicio Civil
en Colombia ha venido luchando con denuedo por imponer este tipo de
pensamientos en el sector oficial, pero la verdad es que sistemáticamente sale
derrotada por el clientelismo y las malas prácticas de la politiquería dentro
de la burocracia. El dedazo, como es llamado entre los mexicanos, siempre sale
triunfante. No hay meritocracia en el Gobierno sino más bien una serie de
prácticas que la anulan. El éxito de la mediocridad oficial radica en esta falla en el trabajo de los que toman decisiones.
Estos argumentos se derivan de conocer el libro The Meritocracy Trap del profesor de Yale, Daniel Markovits, donde muestra el funcionamiento interno de la máquina meritocrática en su país, aunque también ofrece respuestas sobre lo que debe hacerse en búsqueda de un mundo organizacional que pueda brindar más dignidad a sus empleados.
Estos argumentos se derivan de conocer el libro The Meritocracy Trap del profesor de Yale, Daniel Markovits, donde muestra el funcionamiento interno de la máquina meritocrática en su país, aunque también ofrece respuestas sobre lo que debe hacerse en búsqueda de un mundo organizacional que pueda brindar más dignidad a sus empleados.
viernes, 20 de septiembre de 2019
los perros de otros
A veces, para animar el día, se tienen estos pensamientos derivados de otros. A un amigo de los perros que publica una columna en El Colombiano le dije: haría falta,
para compensar, una crónica sobre los “indiferentes de perro”, como este
servidor, que únicamente los mira con cuidado cuando acompañan a una bella dama
(por ella, no por el can), cuando asoma en mis ojos el miedo de un rotwailler, o
para admirar uno de esos ejemplares de lobo plateado, con ojos azules, que a
veces se cruzan en mi camino remolcando a su dueño. Pero todos ustedes, los
esclavos del perro, me dejan cierto sabor a piedad. Es inevitable: la amistad
no es del todo incondicional.
viernes, 13 de septiembre de 2019
comunicar es traducir
Lo digo con énfasis: la comunicación es una traducción. Alguien como Malcom Gladwell escribió un libro llamado "Hablar con extraños" donde se muestra la dificultad de comunicarnos genuinamente con los demás. Digo entonces que "traducir" las palabras, los gestos, las miradas, las posturas, sentimientos y emociones de otra persona es un proceso de una incalculable perfección para el cual no tenemos las habilidades necesarias y es por ello que solemos perder lo que en verdad quieren decirnos.
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