martes, 8 de octubre de 2019

la muerte de narciso


La ninfa Eco, contaba Ovidio, se enamora de un presumido joven llamado Narciso, hijo de otra ninfa, Liríope de Tespia. Un dios del río, cuyo nombre era Céfiso, amaba tanto a Liríope que la había rodeado con sus corrientes, una y otra vez, hasta que la atrapó en sus trayectorias y logró concebir un hijo con ella. La madre, preocupada por el bienestar de su hijo Narciso, decidió consultar a un vidente, Tiresias, quien le dijo a la ninfa que el chico “viviría hasta una edad avanzada mientras nunca se conociera a sí mismo”, según apunta la Wikipedia. Después de Narciso haber rechazado el amor de la ninfa Eco, y haber causado con ello su muerte al punto de que de ella solo se conservaba la voz, Narciso sintió sed y se dirigió a un pozo a beber. La tragedia consiste en saber que el joven murió allí, contemplando su propia imagen.

   Percibirse, reconocerse, observarse, es tal vez la verdadera tragedia de esta historia, contradiciendo todos los procesos que conducen a sobrellevar la vida mediante el conocimiento de sí mismo. Por supuesto que Sócrates se revuelve en su tumba porque Narciso representa lo antagónico del saber y la existencia: el supuesto de que “solo sé que nada sé” queda en entredicho y lo que parecía una historia de los dioses tutelares se convierte en una aguda contradicción de la filosofía.

lunes, 7 de octubre de 2019

biografías y la historia


Desde hace rato vengo pensando que la historia se desbarata con las biografías y, por supuesto, con las autobiografías. La subjetividad que rezuman estos textos es innegable y, por lo tanto, tienden a autodestruir el original. Solo los hechos escuetos hacen viable y conocida a la historia. De resto, grandes trechos de subjetividades van construyendo distintas clases de episodios, a menudo inconexos, que unos cuantos se encargan de encadenar y otros de confundir. Creo que Popper habló de esto algún día pero no estoy dispuesto a jurarlo.

sábado, 5 de octubre de 2019

los tres libros


            Este episodio de la vida real sucedió así: en un pasillo por el cual circulaban los cientos de participantes del Congreso Nacional de Historia en Armenia, el pasado 3 de octubre, me encontraba tratando de responder a la pregunta de un amigo antioqueño quien quería conocer mi versión sobre los libros que se habían utilizado para la enseñanza de la historia en Colombia en el siglo pasado.
            En realidad la inquietud concreta consistía en saber si el libro de historia de Henao & Arrubla todavía se usaba o, por lo menos, si había un sucesor. En esos momentos pasó por mi lado un miembro de la academia quindiana a quien agarré del brazo y, sin muchos preámbulos, se lo presenté así a mi colega de Medellín: --“Mira, este es el autor de la “Historia Socioeconómica de Colombia”, en compañía de la historiadora Margarita Peña, un libro de culto que cubrió esta asignatura de bachillerato por varias décadas al final del siglo XX”.
            El tímido Carlos Alberto Mora Buitrago bajó los ojos, se ruborizo un poco pero no atinó a negar que ese libro suyo cobijó la enseñanza de historia en Colombia por un largo lapso con la bendición del Ministerio de Educación de su época. Muchísimas ediciones y ejemplares salieron de las imprentas de Norma entre 1983 y 2002 en un formato de fácil lecturabilidad, ilustrado con mapas, cuadros, índices, dibujos, borradores cartográficos y fotos antiguas y de actualidad. Alguien decía que el famoso texto del mexicano Daniel Cossío hubiese podido ser una referencia de Mora para elegir el formato más apropiado para la enseñanza.
Lo que Mora Buitrago suele omitir de sus trabajos en torno a este libro es la verdadera noticia del mismo: en un debate del senador Alvaro Gomez Hurtado al Ministro de Educación durante el cuatrenio de Barco, el político levantó la mano con el libro de Mora diciendo que era una obra comunista y por lo tanto que el ministro conservador debía retirarlo del mercado y, por supuesto, de las aulas escolares. Así se hizo y el libro, hasta la actualidad, pasó a las páginas de un Índice conservador que se llevó de calle a otras obras, como los libros de Vargas Vila, acusadas de pecados de los que habría que salvar a los jóvenes.
Mi reflexión personal va un poco más allá de la anécdota: terminado el reinado del libro de Henao & Arrubla, sobre el cual se han dicho muchas cosas, fue el momento de la “Historia Socioeconómica de Colombia” en las aulas escolares. Y ahora, uno de los ilustres visitantes al Congreso de Historia, Jorge Orlando Melo, ha escrito la “Historia Mínima de Colombia” que cubrirá la enseñanza de la historia por muchas décadas más. Estos tres libros, más el libro de Salomón Kalmanovitz sobre el mismo tema publicado hace unos años, son un estupendo abrebocas histórico a la realidad económica y social del país.
Creo que la inquietud de mi amigo antioqueño quedó despejada y que nosotros también podemos encontrar, con estos  testimonios, el pretexto para hacerle un reconocimiento a quien no puede ya ocultar sus verdaderos y eruditos aportes a la historia de Colombia. Mora Buitrago vive por estos andurriales y no solo es un emblemático amigo de la academia, sino un investigador que aprecio y respeto.

martes, 24 de septiembre de 2019

la duda en la política

"Dado que la política democrática no es una ciencia exacta, es más, dado que está muy lejos de ser algo parecido a una ciencia exacta, la duda se encuentra instalada a la mitad de la sala. Dado que existen diversos diagnósticos y propuestas, desiguales corrientes de pensamiento, intereses varios, dado que las pasiones nunca pueden ser desterradas, que lo que resulta venturoso para unos puede derivar en una desgracia para otros, que lo que funciona en una región puede no ser bueno para otra, etcétera, la duda está —o debería estar— en el centro del debate público". José Woldenberg, escritor mexicano en la revista digital Nexos. 

lunes, 23 de septiembre de 2019

billetes dispersos en la carretera

 
La revista digital Fronterad, que se publica en España centrada en el periodismo narrativo, no deja de darnos sorpresas agradables con sus colaboradores. Esta vez se trata de un relato de Luis Carlos Nieto quien describe un sugestivo pasaje de su experiencia en una carretera española. 
 "El día 6 de junio de 2016 nos convocó Andrés Sorel en el Episcopio de Ávila para presentar dos libros suyos. Nuestro amigo Nino presentaba las Antimemorias de un comunista incómodo y mi encargo consistía en presentar la reedición de Las voces del Estrecho. Presenté el libro recordando un suceso que nos ocurrió tiempo atrás, en tres escenas y una realidad. Decía así:
Escenario
Una noche de verano en Ávila. Años setenta. Pura transición, organizábamos lo que llamamos la Semana Cultural de Castilla y León, en la entonces Casa de la Cultura, donde celebrábamos debates y conferencias sobre cultura y política. 
Primera escena
En un coche viajábamos cinco personas entre ellas Andrés, Ana (su compañera) y yo. Íbamos despacio porque la conversación era intensa. Al terminar de bajar la cuesta de la ermita de Sonsoles nos adelantó un coche. Momentos después una nube de polvo lo envolvió todo y paramos. Nos bajamos sobrecogidos.
Segunda escena
Se va despejando la nube de polvo y delante de nosotros aparece un coche partido, destrozado y trozos de chapa por todos lados. No había nadie y la cuneta y el asfalto estaban llenos de billetes de mil pesetas. Muchos billetes de mil pesetas.
Cuando nos serenamos oímos que desde el trigal venía una queja leve y una respiración cada vez más fuerte. Era una persona herida que necesitaba auxilio y que estaba tendido entre los surcos. Nos acercamos, le tocamos sin moverle y hacíamos lo poco que sabíamos, que era animarle para que respirara, para que siguiera viviendo. Queríamos que siguiera viviendo.
Aunque había poco tráfico al cabo de unos minutos pararon otros coches. Una persona tomo el pulso al herido y otros fueron a llamar a una ambulancia. Y nosotros intentando convencerle de que se quedara en la vida.
Tercera escena
Irrumpe en escena un hombre fuerte, voz ronca. Hombros anchos y cabeza más bien pequeña. Se dirige a nosotros y nos increpa diciendo que la carretera estaba llena de billetes, que dejáramos al herido y que entre todos recogiéramos el dinero, que estas cosas siempre traen problemas. El hombrecillo no quería problemas. A nosotros se nos había olvidado el dinero de la carretera, y seguíamos animando al herido, hablándole para ver si con palabras le atábamos a la vida.
El hombrecillo de la voz ronca y decidida no paró de recoger billetes hasta que llegaron las ambulancias. No preguntó cómo estaba el herido. Andrés le miró todo lo mal que pudo sin decir palabra.
La realidad
El herido en el accidente sobrevivió a pesar del impacto tan fuerte (por eso lo cuento), imagino que no por nuestras palabras de aliento, sino porque llegaron las ambulancias y después los médicos harían un buen trabajo y el motivo de que hubiera aquella parva de billetes dispersos por la carretera era porque se trataba de un empleado de banca que venía de recoger la recaudación de los pueblos de la sierra".

domingo, 22 de septiembre de 2019

la meritocracia se muere


   Un hallazgo muy interesante para las empresas colombianas: al menos en los Estados Unidos, por ahora, hay señales de que la meritocracia está en decadencia. Luego de mucho tiempo en que, por influencia de los programas organizacionales, se estableció que las promociones dentro de las empresas se obtienen a través de la habilidad y el esfuerzo, y que la versión de que las recompensas sociales y económicas deben ser consecuencia de los logros (un ideal que servía como estímulo a los empleados), de repente esa imagen empieza a ser devaluada por los hechos.
    La movilidad ascendente no es tan frecuente como parece; es más bien un simulacro, en tanto que la meritocracia es un mecanismo, abierto u oculto, de concentración y transmisión de la riqueza entre las familias y grupos dominantes. La globalización es resultadista y allí no valen las disculpas sino la ley de la selva. Lo más grave aún: en investigaciones realizadas en EEUU se revela que las clases medias en la actualidad carecen de mecanismos claros para el ascenso pues cada vez más se consolida la desigualdad entre los trabajadores.
   Los que logran “llegar a la cima” son fácilmente requeridos por sus patronos a que trabajen más y más, con mucha mayor intensidad, dado que tienen el privilegio de una educación costosa la cual debería representar altos y buenos beneficios para la empresa contratante. Los éxitos de la meritocracia consisten en que a ciertos empleados se los pueda explotar más y mejor.
   Por muchos años la agencia del Servicio Civil en Colombia ha venido luchando con denuedo por imponer este tipo de pensamientos en el sector oficial, pero la verdad es que sistemáticamente sale derrotada por el clientelismo y las malas prácticas de la politiquería dentro de la burocracia. El dedazo, como es llamado entre los mexicanos, siempre sale triunfante. No hay meritocracia en el Gobierno sino más bien una serie de prácticas que la anulan. El éxito de la mediocridad oficial radica en esta falla en el trabajo de los que toman decisiones.
    Estos argumentos se derivan de conocer el libro The Meritocracy Trap del profesor de Yale, Daniel Markovits, donde muestra el funcionamiento interno de la máquina meritocrática en su país, aunque también ofrece respuestas sobre lo que debe hacerse en búsqueda de un mundo organizacional que pueda brindar más dignidad a sus empleados.


viernes, 20 de septiembre de 2019

los perros de otros

A veces, para animar el día, se tienen estos pensamientos derivados de otros. A un amigo de los perros que publica una columna en El Colombiano le dije: haría falta, para compensar, una crónica sobre los “indiferentes de perro”, como este servidor, que únicamente los mira con cuidado cuando acompañan a una bella dama (por ella, no por el can), cuando asoma en mis ojos el miedo de un rotwailler, o para admirar uno de esos ejemplares de lobo plateado, con ojos azules, que a veces se cruzan en mi camino remolcando a su dueño. Pero todos ustedes, los esclavos del perro, me dejan cierto sabor a piedad. Es inevitable: la amistad no es del todo incondicional.