jueves, 31 de enero de 2019

Narciso


Rogelio pensaba que estaba muy enamorado de alguien. Pero, en un momento dado, se dio cuenta que llevaba más de veinte minutos mirándose en el espejo.


terremoto


Un poema de Quim López


El dolor se maduró abajo
muy abajo: en ese lugar
congelado y sólido
donde no llega ni la mirada de Dios.
Luego llegó como fuerza bruta
bajo el soplo de una necedad.
Fuimos --en el breve instante
de un relámpago obsesivo--
testigos de una pasión
irreparable.



martes, 22 de enero de 2019

aversión a los pobres

La voz aporofobia ha sido acuñada por la filósofa española Adela Cortina en varios artículos de prensa en los que llama la atención sobre el hecho de que solemos llamar xenofobia o racismo al rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se produce por  su condición de extranjeros, sino porque son pobres.

domingo, 16 de diciembre de 2018

las cosas estables


  1.  Hice una vez un listado de las cosas estables, aquellas que no cambian con el tiempo, o si lo hacen, lo logran muy lentamente, en años. Vemos la lista:  
  2. Las notas musicales
  3. Las letras del procesador o de la maquina de escribir
  4. El ajedrez
  5. Las ecuaciones matemáticas, la mayor parte
  6. Las reglas del fútbol
  7. Los signos de la taquigrafía
  8. Los gatillos de las armas
  9. Los cordones de los zapatos
  10. El borrador de los lápices
  11.       Las cuchillas de afeitar 
  12.       El tamaño de las azadas
  13.       El nudo de la corbata
  14.       Los números romanos
  15.       Las medias pantalón
  16.       La argolla matrimonial
  17.       Las pantuflas


jueves, 13 de diciembre de 2018

alguien robó mi gallina


Hemos hallado esta interesante y curiosa historia: Andrew Stefens y Karl Lift estaban en el Golfo Pérsico a bordo de una lancha patrullera. El mar estaba caliente y registraba 50,9 o más grados centígrados. Como la sed los tenía cercados, Andrew baja en busca de agua helada y encuentra que se ha acabado. Como es de reglamento, reportan su posición para regresar a la base. En ese momento Andrew decide evocar un recuerdo singular.  Dice: “Estábamos en entrenamiento en el Caribe y enseguida de la base naval un campesino poseía un cultivo industrial de sandias. Debido a la sed, los infantes de marina le coqueteaban a las sandias y por tanto deciden saquear parte del cultivo. El campesino se da cuenta, no se queja pero toma medidas. A la semana siguiente los infantes repiten el saqueo y súbitamente aparecen 120 infantes muertos y, entre ellos, un Almirante. Como es obvio, la Marina abre una investigación y encuentra un pesticida de carbamato llamado Furadan inyectado en las sandías. Todo el mundo guarda silencio. "No se puede poner brava mi vecina porque se robó mi gallina", dijeron en el consejo nacional de seguridad. Con este aforismo queda en claro, por ejemplo, que muchas veces un amigo deja de saludarnos e ignoramos por qué. Lo único que cabe pensar es que tiene un remordimiento gratuito y nada se puede hacer al respecto. El aforismo es la respuesta. Fin de la historia.
           


martes, 27 de noviembre de 2018

las lagunas biográficas


Hace rato nos viene a la mente la idea de construir un diálogo constructivo entre los escritores y sus “lagunas” vitales.
La historia de los artistas e intelectuales están llenas de lagunas de su vida que suelen pasar por alto no solo sus biógrafos, sino también los lectores distraídos y también los más amigos del personaje. (A propósito, Borges decía que las notas escritas a mano en los márgenes de los libros son una forma literaria). Por tanto, cada día estamos más convencidos que este género de narraciones “lagunas” valen como una inestimable mina de oro para los novelistas.
Veamos algunos ejemplos de las lagunas literarias. El novelista francés Mathias Énard (un orientalista de 46 años, profesor de árabe y hoy radicado en Barcelona) insistió con un viaje auténtico que hizo el escultor Miguel Angel a Constantinopla invitado por el sultán otomano Bayezid II para que le ayudase a construir el puente sobre el Bósforo. Autor de “Dígales sobre batallas, reyes y elefantes" (Tell Them of Battles, Kings, and Elephants) y otros relatos, este libro de Énard es un recuento de su formidable y erudita atracción hacia esa laguna episódica de Miguel Angel en Turquía allá por los años de 1506.
            Siguiendo esta misma reflexión, de igual modo se pueden hacer unas búsquedas igual de interesantes de “lagunas biográficas” como el extenso poema de Derek Walcott sobre la influencia del Caribe en los paisajes impresionistas de Camille Pissarro; o sobre el viaje por tres días a Paris de Constantine Cavafy y las incidencias del mismo, según lo describe una novela de Ersi Sotiropoulos, según lo relata el crítico Julian Lucas en The New Yorker (https://www.newyorker.com/contributors/julian-lucas) al reseñar la aventura turca de Micheangelo.
            Confesamos que nos ha gustado imaginar algunas lagunas biográficas en nuestro entorno cultural como estas: el poeta Leon de Greiff como contabilista en la empresa del ferrocarril que montaba las traviesas en la vía de Bolombolo a La Pintada; la vicisitudes de Dario Jaramillo Agudelo como jefe del área cultural del Banco de la República y su deleite con los numerosos libros que le llegaban; las charlas ruidosas y sugerentes de Estanislao Zuleta con Mario Arrubla en el café Los Cardenales, mientras Carlos Lemos Simmonds trataba de calmarlos en la misma mesa; y las conversaciones literarias de Jorge Gaitán Durán con Eduardo Cote Lemos en la barra del café Excelsior mientras repasaban los manuscritos de los colaboradores de Mito, muy cerca de Lopez Michelsen tomando café y discutiendo con Indalecio Liévano Aguirre algún pormenor de la vida de Nuñez.
            Y, para ir más lejos, a Franz Kafka hablando solo en el baño de la compañía de seguros de accidentes laborales donde trabajaba, lamentando la forma como había muerto una de sus hermanas en el campo de exterminio de Auschwitz; Vladimir Nabokov explicándole a un colega de la universidad de Cambridge el papel de Humbert Humbert con la nínfula que lo traía loco; o, finalmente, a Cervantes esperando que unos burócratas del Consejo de Indias en Cádiz aceptaran su solicitud para viajar al Nuevo Mundo como oficinista letrado.
No hay duda que la novelística tiene un terreno muy ancho y muy largo para el goce. 

el paradigma de los micos


  
Dada la tendencia humana a crearnos paradigmas mentales que no nos dejan mover de nuestro sitio, vale la pena repetir una historia, originada al parecer en una revista científica, sobre el comportamiento de un grupo de micos bajo situaciones puramente experimentales. 

Un equipo de científicos ubicó cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananos. Cuando un mono subía la escalera para agarrar las  bananos, los científicos lanzaban un chorro de agua muy fría sobre los se que quedaban en el suelo.

        Después de algún tiempo, cuando un mono de ese grupo intentaba subir  la escalera, ahí mismo los otros lo agarraban a golpes. Pasados los días, ningún mono se atrevía a subir la escalera a pesar de la enorme tentación de los bananos.
 
Entonces, los científicos hicieron un cambio: sustituyeron a uno de los  monos. La primera cosa que hizo el nuevo fue subir la escalera, de la cual fue bajado rápidamente por los otros  quienes le dieron una terrible tunda al novato. Después de algunas palizas, el nuevo  integrante del grupo ya no subió más la escalera.
 
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. Incluso el primer sustituto participó con entusiasmo de la  paliza al novato. Cuando el tercero fue cambiado, se repitió el mismo evento. Vino el cuarto y, finalmente, el último de los veteranos también fue sustituido.
 
Los científicos se quedaron entonces con un grupo de  cinco monos nuevos que, aún cuando nunca recibieron un baño  de agua fría, continuaban golpeando duramente a aquel o aquellos que  intentasen subir por la escalera para llegar hasta los bananos.
 
La moraleja es simple: si acaso fuese posible preguntar a algunos de los monos por qué razón le pegaban a quien intentase subir la escalera,  con certeza la respuesta de alguno de los simios sería: "No sé, pero aquí siempre se han hecho las cosas así”."

¿No les suena muy habitual esa conducta? ¿No es de ahí de donde se supone que nace la resistencia al cambio? ¿Entonces ya vemos más claramente cuál el origen de los paradigmas arcaicos en que nos encerramos a veces muy tercamente?