martes, 5 de noviembre de 2019

aversión a los pobres

La voz aporofobia ha sido acuñada por la filósofa española Adela Cortina en varios artículos de prensa en los que llama la atención sobre el hecho de que solemos llamar xenofobia o racismo al rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se produce a menudo por  su condición de extranjeros, sino porque son pobres.

ingenio


Una fórmula providencial para desembarazarse de un impertinente aspirante a locutor sin futuro alguno la  dio un día Gabriel Muñoz a Juan Harvey Caicedo, examinador de los aspirantes por encargo del Ministerio de Comunicaciones: “Dile, sencillamente, que no sirve para nuestro oficio  porque tiene los pies planos”.

viernes, 25 de octubre de 2019

bach, el hombre

  De repente descubrí, por un biógrafo llamado Ted Gioia, que Bach no era un santo. El músico de la cristiandad, un luterano a carta cabal, era un hombre de este mundo. En efecto, una reciente biografía muestra que no solamente componía música celestial, sino que su órgano le permitió procrear 22 hijos en el largo periodo de su vida. Nadie habla de su matrimonio con una adolescente, ni del consumo de cerveza que le pedía a sus benefactores, ni los constantes problemas disciplinarios que causaba en su relación con sus alumnos de música. Era un poeta musical que inventaba sinfonías, oratorios, cantatas, pero también tonos y arpegios y demás complacencias que los soberanos de su época le retribuían generosamente. Gracias a ese confort fue percibido como un hombre del status quo y, dice el biógrafo, al parecer era porque el status quo se adaptaba a su creatividad y sus prerrogativas: cuando era necesario forzar a los burócratas de la Corte, los forzaba con su influencia para así demostrar su independencia musical ante los poderosos. Para Gioia, Juan Sebastian Bach era un rebelde subversivo y así lo demuestra una semblanza no convencional de un familiar ilustre de las catedrales y sus órganos descomunales.  

miércoles, 16 de octubre de 2019

peligro a la vista


  Este es un cuento de Juan Armando Epple, un cuentista chileno, y dice así: 
  El coronel ordenó, mientras observaba con recelo a la estudiante:
  —Revisen también el dormitorio.
  Al rato volvió un cabo:
  —Mire lo que encontramos, coronel. “Las armas secretas”, de un tal Cortázar.
    Al coronel se le iluminó la cara.


lunes, 14 de octubre de 2019

cuento erótico

Un cuento sorpresivamente antierótico --los hay-- es de Alejandro Rossi: "La besó, la arrinconó, le mordisqueó el cuello, la desvistió, le acaricio los amplios senos y le explicó la plusvalía".

domingo, 13 de octubre de 2019

la moral virtuosa


El debate del MeToo, que ha gastado mucha tinta en los medios mundiales, posee algunas derivaciones interesantes en el campo de la literatura. Por ejemplo, un bloguero se despachaba contra Roman Polanski y sus desafueros hace años con una menor de edad, motivo por el cual ha sido vetado en varios países y organizaciones. Pero hubo una respuesta inesperada que daba pie para empezar a tramitar el debate: "¿Pero qué puedes decir de sus películas? Son formidables. ¿O es que el arte no importa?" Lo mismo podría decirse de Woody Allen y los relatos de Foster Wallace.
   Este tipo de apreciaciones en las redes sociales subsisten cuando, a manera de réplica, empezamos a preguntarnos por las razones que hicieron que Shakespeare abandonara su familia, o que Norman Mailer, en algún arrebato de mala hora, apuñalara a su esposa. La pregunta que sigue es si debemos amar a las personas solamente porque son moralmente virtuosas.

viernes, 11 de octubre de 2019

personas como murallas


  Hay personas como algunas casas: llenas de cuartos vacíos y de alcobas colmadas de cosas inútiles y protegidas con altas paredes que no dejan ver nada sino la oscuridad de los muebles antiguos y desvaídos. Son personas hechas de escudos, de torres y de castillos –como esos de San Felipe, con agujeros para los cañones-- que quieren ser todo lo impenetrables que se pueda para que la desconfianza no se les vea en medio de las barreras de su personalidad.  El miedo, si el miedo, las ha vuelto a ellas ocupantes especiales de un espacio construido para que no penetre el mundo exterior (y quizás menos la luz de afuera) de tal modo que se puedan conservar intocables todos sus gestos, los ademanes que no se pueden revelar y las palabras que tapan su exposición ante los demás. Encerradas en sí mismas, estas personas se ponen lejos de una comunicación genuina y se van marchitando, a los ojos de los demás, mientras su persistencia en la muralla cobra su frutos en la soledad. 
   En cambio hay otras cuyos espacios vitales son tan abiertos que entran más luces de las que debiera y así la casa donde habitan es una muestra de confianza a cuyas escalinatas uno se puede acercar con la creencia cierta de una hospitalidad fértil y larga.