LO QUE FALTA
no tienen la apariencia
de los que ya hemos vivido;
se maduran sus frutos
en un bucle del tiempo.
Los nuevos días no son fugaces:
tienen cogollos para crecer
ante los vertiginosos raudales.
Dic 2021
LO QUE FALTA
no tienen la apariencia
de los que ya hemos vivido;
se maduran sus frutos
en un bucle del tiempo.
Los nuevos días no son fugaces:
tienen cogollos para crecer
ante los vertiginosos raudales.
Dic 2021
Poetas Centrípetos
He leído
algo de Libaniel Marulanda sobre el hermetismo literario, expresión irónica con
la cual abarca una serie de escritores cuya mayor virtud parece ser la
circunspección y la reserva. Vale decir, el hermetismo en su género más
virtuoso.
Comenzando por la poesía, se me ocurre esta hipótesis que permitiría alimentar un tremendo e interesante debate: creo haber identificado una clase de poetas que se llamarían centrípetos porque son oscuros y difíciles a tal punto que uno siempre los percibe como mirándose el ombligo (v.g., centrípetos como Ezra Pound, el mismo Kleist, quizás Leon de Greiff, Gerardo Diego, William Ospina, Eduardo Gómez, Juan Restrepo).
En el tibio amanecer de la calle Corrientes
se percibe el alma del pasado y el eco ya lejano
de aquel bandoneón que gime su desesperanza.
Brisa de una tristeza abandonada en el puerto,
noticias pegajosas de un cafetín atiborrado
con la dulce y lánguida melodía de arrabal.
Alegre metrópoli de genoveses y gallegos,
exaltación del mate, del laburo, los guayos y el asado,
te siento Buenos Aires, de Borges tan cercana,
y tan remota y fresca del antártico confín.
Una chica rubia y alta
insolentemente guapa
es una pincelada de luz
al inicio del invierno.
--Quim Lopez
Mirada de amor
Es mi ojo, pero es la trayectoria de mi mirada la que atraviesa el
espacio para llegar a tu pupila que me espera con amor. Al llegar, un
inesperado habitante de tus ojos me cierra la entrada con las múltiples rejas
que son tus pestañas artificiales. Allí en el artificio se detiene mi amor pues
mi mirada es solo el instrumento de un afecto que se niega al rechazo falso en
el momento más significativo de su brillo.
El obediente
Daniel, el ventrílocuo, hablaba a través de su muñeco llamado Plato. En cada función había siempre una disputa entre los dos (que a menudo el público padecía con angustia), querella que no se cancelaba sino en el camerino cuando Daniel arrojaba a Plato en una caja de sombreros dispuesta para ese trajín, y cerraba con estrépito la tapa. Amigo de la libre expresión, Plato no se resignaba a este tratamiento hasta que encontró la respuesta, es decir, la forma de abandonar el infame encerramiento: reconoció a Daniel, le obedecía en todo, no lo hacía quedar mal frente al auditorio y consintió resignado todas las burlas y atropellos que le urdía su dueño. Ese mismo día nació la sumisión, que se introdujo en el alma de los hombres para garantizar así la paz que los poderosos necesitan para su abundancia.Pensándolo bien, la polarización es un camino muy cómodo.