Drácula estaba
leyendo que un rey alemán del medioevo, Wenceslao, le había vendado los ojos a
un verdugo de su palacio antes de decapitarlo él mismo con el objeto de ver
cómo era la muerte. Esta escena conmovió de tal manera a Drácula que olvidó sus
viejas andanzas y se internó en un monasterio de trapenses a rumiar sus culpas
y prepararse para la eternidad.
sábado, 9 de noviembre de 2019
jueves, 7 de noviembre de 2019
expresión amorosa
Lo que hay que oír: una apreciada amiga me contaba que la mejor proposición sentimental en su vida consistió en un ramo de rosas rojas que ella había recibido, con una tarjeta finamente caligrafiada con el siguiente texto: "quiero decirte que te amo cliteralmente".
martes, 5 de noviembre de 2019
el egoísmo y sus males
Cada que lo pienso una y otra vez,
deduzco que el egoísmo es un creciente mal universal. Lo que inquieta de este
fenómeno es la inmutabilidad de su existencia, la capacidad que tiene el
egoísmo para subsistir y reproducirse. Esa es precisamente la pregunta
esencial: ¿es el egoísmo un escudo protector de mi yo, del mismo perfil que el
arma elegida por Hans Solo para defender a la tierra de sus invasores?
Si el egoísmo es la defensa de mi individualidad,
entonces puede verse como una forma de protección de mi yo, como las púas de una planta carnívora. En la medida en que
crecen las dificultades de la vida
diaria y se encuentran solo respuestas tradicionales o precarias para bregar
con los problemas, en ese momento podemos pensar si podemos arrojarlo de
nosotros a pesar de que el egoísmo está tan adherido o fusionado con nuestra piel.
No obstante, lo más difícil es
transformar el egoísmo en colaboración. Cualquier síntoma de empatía con los
demás, cualquier muestra de apertura —v.g., solo escuchar de verdad al otro, oírlo genuinamente— y en ese momento los muros del egoísmo empiezan a flaquear. Solamente
cuando lo expulsamos de nuestro ser, convertimos el egoísmo en una verdadera
arma de solidaridad
aversión a los pobres
La voz aporofobia ha sido acuñada por la filósofa
española Adela Cortina en varios artículos de prensa en los que llama la atención
sobre el hecho de que solemos llamar xenofobia o racismo al
rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se
produce a menudo por su condición de extranjeros, sino porque son pobres.
ingenio
Una fórmula providencial para desembarazarse de un
impertinente aspirante a locutor sin futuro alguno la dio un día Gabriel
Muñoz a Juan Harvey Caicedo, examinador de los aspirantes por encargo del
Ministerio de Comunicaciones: “Dile, sencillamente, que no sirve para nuestro
oficio porque tiene los pies planos”.
viernes, 25 de octubre de 2019
bach, el hombre
De
repente descubrí, por un biógrafo llamado Ted Gioia, que Bach no era un santo. El músico de la cristiandad, un luterano a carta cabal, era un hombre de este mundo. En efecto, una reciente biografía muestra que no solamente componía música celestial, sino que
su órgano le permitió procrear 22 hijos en el largo periodo de su vida. Nadie
habla de su matrimonio con una adolescente, ni del consumo de cerveza que le
pedía a sus benefactores, ni los constantes problemas disciplinarios que
causaba en su relación con sus alumnos de música. Era un poeta musical que
inventaba sinfonías, oratorios, cantatas, pero también tonos y arpegios y demás complacencias que los soberanos de su época le retribuían generosamente. Gracias a ese confort fue percibido como un hombre
del status quo y, dice el biógrafo, al parecer era porque el status quo se adaptaba a su
creatividad y sus prerrogativas: cuando era necesario forzar a los burócratas de
la Corte, los forzaba con su influencia para así demostrar su independencia
musical ante los poderosos. Para Gioia, Juan Sebastian Bach era un rebelde subversivo y así lo
demuestra una semblanza no convencional de un familiar ilustre de las catedrales y sus órganos descomunales.
miércoles, 16 de octubre de 2019
peligro a la vista
Este es un cuento de Juan Armando Epple, un cuentista chileno, y dice así:
El coronel ordenó, mientras observaba con recelo a la
estudiante:
—Revisen también el dormitorio.
Al rato volvió un cabo:
—Mire lo que encontramos, coronel. “Las armas
secretas”, de un tal Cortázar.
Al coronel se le iluminó la cara.
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