Cuenta J.G.
Ballard que una rata de laboratorio se pavoneaba diciendo: "Tengo a este
científico tan adiestrado que cada vez que presiono una palanca, me da una
bolita de comida".
lunes, 23 de diciembre de 2019
sábado, 21 de diciembre de 2019
los micos no cambian
Siempre que me preocupo por hablar acerca de la resistencia al cambio que
tienen los quindianos, no dejo de recordar la historia de los micos. Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro
pusieron una escalera y, sobre ella, un montón de bananos. Cuando un mono
subía la escalera para agarrar los bananos, los científicos lanzaban desde
afuera un chorro de agua helada sobre los micos que quedaban en el suelo.
Después de algunas experiencias, cuando un mono iba a subir la escalera los otros lo agarraban a golpes para que no lo hiciera. Por supuesto que poco a poco ningún mono se atrevía a subir la escalera a pesar de la tentación de los bananos.
Entonces los científicos sacaron un mono y lo sustituyeron por otro nuevo. La primera cosa que hizo el nuevo fue subir la escalera, pero rápidamente fue bajado por los otros, quienes le dieron una paliza. Después de algunas tundas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fueron sustituido. Los científicos quedaron entonces con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca habían recibido un baño de agua helada, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a los bananos.
La moraleja es que si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a los nuevos que intentaban subir la escalera, con certeza la respuesta de los monos sería: ---"No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así...".
Después de algunas experiencias, cuando un mono iba a subir la escalera los otros lo agarraban a golpes para que no lo hiciera. Por supuesto que poco a poco ningún mono se atrevía a subir la escalera a pesar de la tentación de los bananos.
Entonces los científicos sacaron un mono y lo sustituyeron por otro nuevo. La primera cosa que hizo el nuevo fue subir la escalera, pero rápidamente fue bajado por los otros, quienes le dieron una paliza. Después de algunas tundas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fueron sustituido. Los científicos quedaron entonces con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca habían recibido un baño de agua helada, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a los bananos.
La moraleja es que si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a los nuevos que intentaban subir la escalera, con certeza la respuesta de los monos sería: ---"No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así...".
el conservatismo ilustrado de caldas
Acabo de recibir el libro “Caldas en la Pluma de los
Historiadores” de Ángel Maria Ocampo Cardona, libro de la Secretaría
de Cultura cuyo envío agradezco no solo por la enorme perspectiva cultural que ofrece
sobre ese Departamento, sino también porque me sugiere algunas reflexiones que quiero compartir a vuelapluma ahora que las chispitas navideñas iluminan
nuestra memoria.
Hay una afirmación de Ocampo que me
llama la atención: en cierto momento de la historia caldense hubo un interregno
de los años 40 y 50 durante el cual los historiadores “entraron en sus
cuarteles de invierno”. Creo adivinar la razón de este paréntesis con una
hipótesis que he venido trabajando sobre el concepto de “el conservatismo
ilustrado” que reinó en Caldas durante un arco de tiempo significativo, suposición que algunos estiman que no debe quedarse tan corta como lo presente.
Por un tiempo la política
y la economía dominaron en el panorama caldense y casi se diría que opacaron
las demás disciplinas en el ambiente cultural de la región. Alzate Avendaño y
Londoño Londoño, Aquilino Villegas, José Restrepo, Silvio Villegas y Castor
Jaramillo cumplieron un importante papel en el desarrollo del conservatismo por
su posición altiva frente al grupo bogotano de Laureano Gómez y sus aliados.
Pero además surgió una clase de economistas (más abogados que economistas, pero
empíricos en esta profesión) como Hernán Jaramillo Ocampo, Antonio Álvarez
Restrepo, Augusto Ramirez Moreno, Germán Botero de los Ríos, Manuel Mejía, Arturo Gomez
Jaramillo, Hernan Uribe, principalmente, quienes en diferentes periodos, por lo menos de dos décadas, incidieron en la política económica de la administración de Ospina Perez y de
Pastrana. Este sería entonces el grupo extraterritorial de intelectuales caldenses cuyo enlace o
articulación con el grupo territorial de los “azucenos” del Club Manizales era
incuestionable.
Semejante conjunto de personajes, todos muy cultos y
elocuentes, fueron bautizados por los diarios bogotanos como los grecocaldenses,
y luego en forma paródica como los grecoquimbayas. Y así fue como el asunto de
las Identidades de la que hablaba Otto Morales tomó cuerpo en esta generación
manizaleña y se llevó de calle lo que hacían, mal que bien, los
quindianos y los pereiranos. Ellos le dieron buena imagen a Caldas y este hecho, por
añadidura, también nos daba cierta importancia a sus vecinos. Solo que
cometieron el pecado de mirarse demasiado el ombligo y se olvidaron que en
Risaralda y en el Quindío ya comenzaban a escucharse voces de repulsa al
centralismo de la capital caldense que desembocaron en lo que ya sabemos.
Esta es una primera explicación del retiro durante un tiempo de
los historiadores (y su regreso en buena hora con la Academia, con Hoyos
Editores, con Vicente Arango y con Impronta y esa pléyade de escritores que
reseña el mencionado libro) cosa que registramos por su franqueza. Pero me queda una duda final
al ver que Ángel Maria Ocampo inexplicablemente omite el trabajo breve pero
sustancioso de Rogelio Escobar Ángel que, por lo menos a mí, me dio muchas
luces de introducción al tema de la colonización antioqueña.
viernes, 13 de diciembre de 2019
los juegos que jugamos
El
escritor Simon Sinek nos revela que existen dos clases de juegos: los juegos
finitos, como el fútbol y el ajedrez, donde los jugadores son bien conocidos,
las reglas del juego son fijas y el propósito final es muy claro.
En los juegos infinitos, por el contrario, como los negocios, la política o la vida misma, los jugadores van y vienen, las reglas suelen cambiar con
frecuencia y no hay un punto final definido. En los juegos infinitos que hemos
señalado, no hay ganadores ni perdedores sino un solo camino: adelante o atrás.
No hay duda que esta es una importante reflexión que motiva a saber que ganar no siempre es el mejor objetivo dado que, por lo regular, la ganancia es pasajera --lo mismo que la pérdida-- y que en su búsqueda a menudo se dejan regados muchos problemas, incluyendo la reputación de los adversarios.
No hay duda que esta es una importante reflexión que motiva a saber que ganar no siempre es el mejor objetivo dado que, por lo regular, la ganancia es pasajera --lo mismo que la pérdida-- y que en su búsqueda a menudo se dejan regados muchos problemas, incluyendo la reputación de los adversarios.
lunes, 25 de noviembre de 2019
participar en consensos
Es innegable: los consensos son lentos; todo diálogo es
parsimonioso, las decisiones consensuales producen letargo. En cambio, los
apremios de las personas y de las empresas son inmediatos, en especial en estas
épocas de vertiginosos cambios e incertidumbres. ¿Cómo podemos conciliar
entonces las decisiones lentas y participativas con las urgencias instantáneas
y rápidas?
El que no sepa responder esta pregunta estará condenado a ser un probable enemigo del trabajo en equipo. Porque la lentitud del consenso que se suele presentar en las funciones de un equipo, contrasta paradójicamente con la rapidez del autoritarismo. Es evidente: es más factible que una imposición individual descienda fácilmente por la pirámide organizacional, que un consentimiento grupal tomado por varias personas se presente a tiempo al sitio donde debe llegar.
El que no sepa responder esta pregunta estará condenado a ser un probable enemigo del trabajo en equipo. Porque la lentitud del consenso que se suele presentar en las funciones de un equipo, contrasta paradójicamente con la rapidez del autoritarismo. Es evidente: es más factible que una imposición individual descienda fácilmente por la pirámide organizacional, que un consentimiento grupal tomado por varias personas se presente a tiempo al sitio donde debe llegar.
Preguntamos entonces: la
velocidad del cambio al que nos vemos enfrentados como personas y como
organizaciones ¿requiere menos consensos y más autoritarismo? Qué queremos al
fin: ¿consensos lentos o decisiones autocráticas? Resolver esta contradicción
constituye la esencia de la participación.
Al hablar de esta palabra
se nos ocurren las mismas reflexiones: involucrar, concurrir, asociar,
envolver, son algunos sinónimos legítimos de la participación. Pero involucrar
es también un proceso de muy lento aprendizaje y difícil alcance --que la sola
Constitución del 91 no puede propulsar por mucho que se mencione la
participación en muchas de sus cláusulas.
Asociar es pues un asunto de tiempo, de aquiescencia, de tranquilo intercambio con la otra parte. A pesar de las apariencias, los partidos políticos colombianos no han tenido la paciencia para involucrar a sus militantes, y por lo tanto han tenido muy pocas posibilidades de facilitar la participación. Los gerentes tampoco tienen paciencia para involucrar a sus colaboradores en las decisiones de su organización, y prefieren la persecución en caliente, la línea rápida y de menor resistencia en las decisiones importantes. De esta manera nadie aprenderá, ni en la familia, ni en las empresas, ni en el Gobierno, la lenta pero definitiva naturaleza de participar.
Asociar es pues un asunto de tiempo, de aquiescencia, de tranquilo intercambio con la otra parte. A pesar de las apariencias, los partidos políticos colombianos no han tenido la paciencia para involucrar a sus militantes, y por lo tanto han tenido muy pocas posibilidades de facilitar la participación. Los gerentes tampoco tienen paciencia para involucrar a sus colaboradores en las decisiones de su organización, y prefieren la persecución en caliente, la línea rápida y de menor resistencia en las decisiones importantes. De esta manera nadie aprenderá, ni en la familia, ni en las empresas, ni en el Gobierno, la lenta pero definitiva naturaleza de participar.
En otras palabras:
participar es sentirse parte de algo. Si yo me siento parte de algo, me
involucro en ello. Si mi eventual sentimiento de participación no existe, ¿por
qué demonios me involucro en alguna cosa?
Por todas estas razones
no es de extrañar que la paz sea tan complicada para los impacientes y para los
que ni sienten la necesidad de participar, ni han recibido oportunidades para
ejercerla.
soluciones burka
El ex presidente Lopez Michelsen tenía más historias que
Borges, unas muy ingeniosas y otras inventadas por sus amigos, o sus enemigos.
Pero una característica de sus comunicaciones era su enorme capacidad de mirar
el revés de los hechos, de distinguir al otro lado el pespunte rústico en los
tapices que lucían más hermosos por delante. Allí atrás descubría aquellos
asuntos por los cuales hacía pensar al país.
Alguien recuerda que le llevó a López Michelsen un
manuscrito sobre un libro en torno al derecho de amparo (que Lopez importó de
la legislación mexicana) con el ánimo de que se lo comentara. Después que el
presidente le dio una ojeada, el autor del libro le preguntó si valía la pena
publicarlo o tirarlo a la basura. Lopez dizque le contestó: “No tengo tiempo
para hacerle el prólogo, pero publíquelo: de tirarlo a la basura se ocuparan
sus lectores”. Otros asumen que esta historia es de Chejov, el cuentista ruso.
Hablando de respuestas ingeniosas, también suele evocarse
esta solución de Kemal Atartuk, el padre de la Turquía moderna, que es todo un
clásico: para que las mujeres dejaran de usar el burka tradicional,
inmediatamente llegó al poder emitió un decreto que decía: “Se prohíbe el uso
del burka en todo el territorio nacional. Aquella mujer que lo lleve será
calificada de prostituta”. Al otro día no había un burka en la calle.
El
jurista Jaime Castro nos contaba una vez que cerca de Moniquirá hubo hace años
un paro en rechazo por una carretera que estaba por construirse para unir una
población lejana y aislada con la vía central a Duitama. Los ganadores (que le
tenían miedo a la civilización, a la televisión, a las putas y a las conservas)
fueron los vecinos que habían creado el “Comité Cívico Pro-Contra la Carretera”
quienes se atravesaron con éxito en este cambio por largo rato. Para los
consultores gerenciales sobre la resistencia al cambio, este es uno de nuestros
mejores ejemplos. Tales ingeniosidades también se pueden reunir bajo el nombre
de “soluciones burka”.
lunes, 18 de noviembre de 2019
la tetera inspiradora
Hay una escena muy nabokoviana que
trae Bernard Pivot en sus memorias sobre el programa de entrevistas literarias que realizaba en la televisión francesa. Pivot fue un brillante personaje de la
literatura gala en especial por las entrevistas
de televisión en su programa nocturno llamado Apostrophes,
hecho con una erudición responsable, fruto de las lecturas previas de la obra
del entrevistado y una claridad de preguntas que llegaban al publico de una
manera limpia y popular.
Nabokov fue entrevistado en 1975 y, mucho después,
Pivot contó los detalles de ese momento los cuales dan cuenta del estilo
cuidadoso de responder que tenía el novelista ruso. El encuentro transcurrió en
la casa de Nabokov en Montreaux, Suiza –-lugar donde residió hasta su muerte,
una casa administrada por su esposa Vera y su hijo Dimitri-- donde el entrevistador se vio varias
veces interrumpido por dos pianos cuyos afinadores habían llegado al mismo tiempo que
Pivot.
Para complacer al novelista, ambos pactaron unos sorbos de whisky en una
tetera a efectos de no dar una imagen extraña a los televidentes franceses,
al tiempo que Pivot se aseguraba con ello unas mejores respuestas para su programa. Cada
quince minutos uno de los dos preguntaba: “¿quieres un poco más de té?”. Pivot rememoró en 1987 algunos pormenores de esa transmisión donde la meticulosidad de
Nabokov se hizo presente porque había conocido previamente las preguntas y leía sus opiniones en unas tarjetas que traía consigo.
No obstante esta falta de
espontaneidad, la figura del autor de Lolita nunca
disminuyó en su presentación al punto que Pivot reconoce que “tengo un
sentimiento casi religioso por ese programa”, como dijo posteriormente. Y añadió: “era un gran comediante, increíble por sus bromas, su calidez,
su humor, sus evasiones ingeniosas, su descaro y, por supuesto, su
inteligencia”.
El formidable reportaje puede verse en el enlace https://www.the-tls.co.uk/articles/public/melting-with-tenderness/
del suplemento literario del Times de Londres, reproducido en noviembre de
2019.
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