Una fórmula providencial para desembarazarse de un
impertinente aspirante a locutor sin futuro alguno la dio un día Gabriel
Muñoz a Juan Harvey Caicedo, examinador de los aspirantes por encargo del
Ministerio de Comunicaciones: “Dile, sencillamente, que no sirve para nuestro
oficio porque tiene los pies planos”.
miércoles, 20 de marzo de 2019
martes, 19 de marzo de 2019
carta sobre el liderazgo
Doctora
CECILIA
LOPEZ
El Tiempo
Bogotá
Apreciada amiga Cecilia,
Su columna del domingo pasado en El Tiempo trae una importante reflexión
sobre el liderazgo en Colombia que no quisiéramos pasar por alto. Fruto de mis
experiencias como consultor de organizaciones, vemos propicio el momento para
abrir las puertas a nuevas reflexiones en torno a tan significativo tema.
El concepto del liderazgo no
ha cambiado demasiado pero algunas condiciones del mundo moderno le han dado
una dimensión adicional: la influencia de las redes sociales y la
globalización, entre otras cosas, de alguna manera modifican mucho su comprensión.
Pero la esencia del liderazgo sigue siendo la misma, si nos atenemos a la
definición sencilla y práctica de que líder es el que domina el arte de la
inclusión.
Dicho concepto, abierto e
interactivo, está muy distorsionado entre nosotros: presumimos que cuando la
gente habla de su deseo de ser líder lo que está esperando recibir son más
privilegios, más capacidad de manipulación y nada de responsabilidades. Por eso
tenemos más jefes excluyentes que líderes participativos.
El líder político por el cual
usted quiere abogar para los próximos tiempos, es una incógnita: está
enfrentado a considerar un mundo confuso, una población cada vez más
representativa, una economía menos regional que mundial, unos medios de
comunicación cada vez más activos y diversas emergencias con el medio ambiente,
principalmente. El antiguo concepto de los liderazgos autoritarios y
demócratas, con los cuales se construían las ideologías de derecha e izquierda,
están fuera de onda: ya sabemos que dichas nociones están revaluadas porque hoy
se confunden en una franja de centro que tampoco está definida del todo —como
lo vemos cuando examinamos, por ejemplo, las ideas de Jeremy Corbyn o Bernie
Sanders, para solo citar a estos dos anglosajones.
La globalización, dicho
muchas veces, acabó con la derecha y con la izquierda porque contaminó a los
partidos de sus propensiones al mercado, por una parte; y de hacerlos mirar
hacia los menesterosos en la búsqueda de formas de igualdad que antes no se
debatían, por otra. Un liberal colombiano no está muy lejos de los
conservadores, excepto en detalles relacionados con la religión o la identidad
de género; de resto hay que raspar muy meticulosamente para hallar una
diferencia sustancial entre unos y otros.
En consecuencia, la
política, al decir de Feyman, es como una cebolla llena de capas y será
inevitable que acabemos frustrados al observar la complejidad de las mismas. Es
esta la razón por la cual la exigencia de un liderazgo en política es mucho más
difícil y múltiple al punto en que sus requerimientos sobrepasan en mucho las
nociones principales de la administración de empresas, donde la ética es menos
exigente y comprometedora.
Y como si fuera poco, se
está hablando de los líderes sociales y tampoco sabemos qué clase de personas
son ellos y de qué manera manejan los problemas sociales: ¿actúa el dirigente
analizando los problemas solo desde el punto de vista tradicional de la
causa-efecto, o en cambio procede con un método más sistémico que abarque todas
las diferentes situaciones de esos mismos problemas? En la respuesta a esta
inquietud encontraremos al líder que trabaja en función de orientar y resolver
dificultades, o el que solamente desea centrarse en el corto plazo, en la
confrontación en detrimento de la cohesión social y a un paso nada más de las
viejas y malas costumbres políticas.
Reciba un cordial saludo,
Jaime
Lopera Gutiérrez
Armenia, marzo 2019
sábado, 16 de febrero de 2019
lagunas biográficas II
Una respuesta de nuestro amigo Conrado Zuluaga a la idea de explorar las lagunas en las biografías de los escritores, ilustra de mejor manera el intento de hacer una antología al respecto. Dice así:
"Este aspecto que señalas, apreciado Jaime, está lleno de
posibilidades.
El otro día les preguntaba a unos amigos en Panamá qué
noticias tenían de Joseph Conrad que estuvo por esos lares. O el papel de un
tío de Kafka que trabajó en el canal en el período de Lesseps y porque el
novelista checo descartó la invitación que le hizo el tío de viajar a Panamá. Y
por último, si el pintor Gauguin a su paso por allí trabajó una temporada en el
canal.
Y así podríamos seguir, sin cansarnos de inventar historias:
Germán Arciniegas, como Ministro de Educación, invitó a Stefan Zweig a quien
había conocido en Buenos Aires a que visitara Colombia. Lamentablemente la
carta llegó demasiado tarde y Zweig ya había tomado la decisión de quitarse la
vida. Arciniegas recibió la noticia del deceso y días después la carta de Zweig
descartando la invitación porque ya era inútil cualquier tentativa. Un abrazo grande, Conrado".
lagunas biográficas
Hace rato nos viene a la mente la idea de
construir un diálogo constructivo entre los escritores y sus “lagunas” vitales.
La historia de los artistas e intelectuales
están llenas de lagunas de su vida que suelen pasar por alto no solo sus
biógrafos, sino también los lectores distraídos y también los más amigos del
personaje. (A propósito, Borges decía que las notas escritas a mano en los
márgenes de los libros son una forma literaria). Por tanto, cada día estamos
más convencidos que este género de narraciones “lagunas” valen como una
inestimable mina de oro para los novelistas.
Veamos algunos ejemplos de las lagunas
literarias. El novelista francés Mathias Énard (un orientalista de 46 años,
profesor de árabe y hoy radicado en Barcelona) insistió con un viaje auténtico
que hizo el escultor Miguel Ángel a Constantinopla invitado por el sultán
otomano Bayezid II para que le ayudase a construir el puente sobre el Bósforo.
Autor de “Dígales sobre batallas, reyes y elefantes" (Tell Them of
Battles, Kings, and Elephants) y otros relatos, este libro de Énard es un
recuento de su formidable y erudita atracción hacia esa laguna episódica de
Miguel Angel en Turquía allá por los años de 1506.
Siguiendo esta misma reflexión, de igual modo se pueden hacer unas búsquedas
igual de interesantes de “lagunas biográficas” como el extenso poema de Derek
Walcott sobre la influencia del Caribe en los paisajes impresionistas de
Camille Pissarro; o sobre el viaje por tres días a Paris de Constantine Cavafy
y las incidencias del mismo, según lo describe una novela de Ersi Sotiropoulos,
según lo relata el crítico Julian Lucas en The New Yorker (https://www.newyorker.com/contributors/julian-lucas) al reseñar la aventura
turca de Micheangelo.
Confesamos que nos ha gustado imaginar algunas lagunas biográficas en nuestro
entorno cultural como estas: el poeta León de Greiff como contabilista en la
empresa del ferrocarril que montaba las traviesas en la vía de Bolombolo a La
Pintada; la vicisitudes de Dario Jaramillo Agudelo como jefe del área cultural
del Banco de la República y su deleite con los numerosos libros que le
llegaban; las charlas ruidosas y sugerentes de Estanislao Zuleta con Mario
Arrubla en el café Los Cardenales, mientras Carlos Lemos Simmonds trataba de
calmarlos en la misma mesa; y las conversaciones literarias de Jorge Gaitán
Durán con Eduardo Cote Lemos en la barra del café Excelsior mientras repasaban
los manuscritos de los colaboradores de Mito, muy cerca de Lopez Michelsen
tomando café y discutiendo con Indalecio Liévano Aguirre algún pormenor de la
vida de Nuñez.
Y, para
ir más lejos, a Franz Kafka hablando solo, en el baño de la compañía de seguros
de accidentes laborales donde trabajaba, lamentando la forma como había muerto
una de sus hermanas en el campo de exterminio de Auschwitz; Vladimir Nabokov
explicándole a un colega de la universidad de Cambridge el papel de Humbert
Humbert con la nínfula que lo traía loco; o, finalmente, a Cervantes esperando que
unos burócratas del Consejo de Indias en Cádiz aceptaran su solicitud para
viajar al Nuevo Mundo como oficinista letrado.
No hay duda que la novelística tiene un terreno
muy ancho y muy largo para el goce.
la coherencia
Lo que cuento
enseguida lo viví en Armenia el sábado 16 de febrero de 2019 en el Centro de
Convenciones de esta ciudad.
Una
de las sesiones consistía en la
presentación de los equipos de trabajo de Compromiso
Ciudadano del Eje Cafetero acerca los retos y propuestas que se
moverán en cada región con ocasión de las elecciones de este año. Cada
Departamento mostraba sus diagnósticos en torno a la corrupción y las consignas
que se presentarían a su comunidad para combatir este flagelo.
Le correspondió el
turno al Quindío. Su vocero mostró, en imágenes de videobeam, una completa
relación de los diversos episodios (vergonzosos e ingratos) que se han sucedido
aquí en los últimos treinta años en materia de fraudes a la cosa pública por
cuenta de exGobernadores y exAlcaldes quindianos, algunos de los cuales se
encuentran entre rejas. Cerca del final, el vocero dio a conocer los últimos
hechos ocurridos con ocasión de los tres días sin agua en Armenia y calificó
este episodio como un acto de corrupción de la administración actual.
En ese preciso
momento Sergio Fajardo, quien estaba abajo, en las sillas del auditorio, pidió
la palabra y, en tono severo, señaló que ese acontecimiento tal vez no podría
calificarse de corrupto porque estaba apenas en investigación y por lo tanto no
se hablaba de condenas en un juicio. Añadió que era responsabilidad de este
grupo político hacer afirmaciones más aproximadas a la ley y que una denuncia
de esta naturaleza no debía presentarse así dado que era una situación que no estaba
probada.
Respiré con alivio.
Si alguna vez yo había repetido aquella frase de que “las campañas se hacen en poseía, pero el gobierno es en prosa”,
lo decía por la dificultad de que en la política se pase de las palabras
abstractas a las concretas para exponer mejor una idea. Explicar los adjetivos
“dignidad”, “participación”, “tolerancia”, “buena fe”, y muchos más, y
convertirlos en líneas de acción, es una tarea bien difícil y compleja.
Pero yo estaba ahí,
esa mañana sabatina, entendiendo lo qué significa la coherencia. Fajardo me daba una lección concreta de
comportamiento humano y de moral política y ese ejemplo habría de ser muy
valioso para entender mi apoyo a su causa.
sábado, 9 de febrero de 2019
los primeros habitantes
Se me ocurre que el hombre primitivo se organizaba muy fácilmente. Aquel que veía venir al mamut de primero, asumía el trabajo de vigía o de oteador de la tribu. Aquel que corría más velozmente, era el corredor principal y se distinguía por eso. El que arrojaba la lanza con mayor precisión lo llamaban el Arquero Mayor y por derecho propio ocupaba la vanguardia de las tropas. El que distribuía las piezas del asado de los venados parecía ser aceptado como el Gran Jefe: en ese momento no importaba su estatus, sino los resultados de su distribución para que todos quedaran contentos. Si este dejaba mas primitivos satisfechos que descontentos, poco a poco se lo aceptaba con el rol del mas importante de la comunidad. Así comenzó la política.
confesión tardía
Ahora me doy cuenta que comenzar la aventura de un blog sin la mínima experiencia, sin las virtudes para conocer sus regates, deja la sensación inicial de entrar en una gruta medio iluminada en cuyas paredes se mecen las sombras de la incertidumbre. Pero por lo menos sé que será posible. Nadie puede morir en un intento como este, y la posibilidad de ir a lo nouveau aún puede ser franqueable a nuestros años.
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