Cuando empezó a
filosofar, Felipe cubrió todos los temas posibles desde la antigüedad hasta
nuestros días. Al final su obsesión por el ser se redujo a conocer las causas
de la inmortalidad. Visitó muchas universidades y bibliotecas, espigó en
diversas escuelas, habló con mucha gente y su correo se llenó de mensajes. Un
día, decepcionado por la falta de respuestas coherentes al alcance de su
impaciencia, decidió que la principal revelación estaba en él mismo. Para confirmarla, esa misma
tarde se ahorcó en la sala de su casa.
domingo, 26 de enero de 2020
miércoles, 22 de enero de 2020
Combatir la pobreza
Alguien dice que
la pobreza hay que repensarla, pero quisiera decir algo mejor: la pobreza hay
que combatirla. Si se la combate a fondo habrá menos pobres, pero la inquietud
siguiente es si ello sirve al democracia. Es decir, si hay menos pobres, ¿de
dónde sacaría la democracia los votos si es con ellos que se ganan o pierden
las elecciones?
No lo escribo yo sino que lo dijo, en otras palabras, el Papa Francisco: los
pobres son la carne de cañón para que los políticos los manipulen mediante subsidios,
tejas, lechona o contratos laborales. Un pobre con baja educación cae fácil en
estos engaños y acude a las urnas debido a la amenaza de quien compra su
conciencia antes y le paga después. Con un tamal o 50 mil pesos compran mi
voto. Solo que los pobres, si están educados, saben decir no.
Este fenómeno ocurre tanto en los regímenes llamados socialistas (vale decir,
las Misiones venezolanas) como en las democracias más conocidas dentro del
sistema capitalista. En muchas democracias occidentales y en los países
socialistas suceden situaciones semejantes. (En EEUU existe el llamado “spoil
system” que cumple similares objetivos en casi todos los Estados). Si un
gobierno le otorga a una persona un subsidio de alimentación o un empleo
barato, de este modo amarra a un elector: si éste es desleal, pierde el
subsidio (v.g., el Sisben) o el trabajo con el cual sobrevive su familia. Casos
se han visto.
En
resumen, los políticos tradicionales en Colombia fingen ser generosos con los
pobres para poderlos hacer sumisos y exigirles servidumbre el día de las
elecciones. Miles de pobres subsidiados van por obligación a ponerse una camisa
roja y salir a las calles con el objeto de apoyar al que le regaló la camisa,
pero alguien estará espiando su presencia o su ausencia; si no cumple, será
castigado.
Entre nosotros miles de pobres van a las urnas por unos pesos a
votar por los corruptos que los han engañado. Como siempre hemos dicho, existe un
antídoto en este escenario: la educación. Cuando hay más personas educadas, que
piensan y debaten, es más difícil manipularlas. Mantener a la gente en la
ignorancia (solo escuelas privadas, altas matrículas, discriminación) hace que
aumente la participación de los manipulados. Educarla es el desafío eso sí es
un verdadero cambio. La democracia progresista es el camino para combatir la
desigualdad y reducir la dependencia.
jueves, 2 de enero de 2020
la moraleja del negociante
Una mujer totalmente desnuda entra a un taxi. El taxista se toma su tiempo, mirando a su pasajera de arriba hacia abajo.
Mujer: ¿Nunca ha visto a una mujer desnuda antes?
Taxista: Sí, la he visto.
Mujer: Entonces, ¿por qué me está mirando de esa forma? Conduzca ya, por favor.
Taxista: No: aún necesito asegurarme de si lleva algo de dinero.
La moraleja es:
· Concéntrate en tu negocio.
· Conoce las distracciones cuando las veas.
de cuentos y novelas
Sobre novela breve, le decía a una amiga, es bueno decir que empieza a ponerse de moda tal
vez porque la prisa de los tiempos nos obliga a leer rápido en estos países y
los cuentos también cumplen ese propósito. Lo que asombra es ver en las playas
de esta época a una señora con una novela de mil páginas, de esas que solo escribía
T. Mann, o las de estos autores tan publicitados que hacen novelas policíacas y
de aventuras. Eso quiere decir que para gustos no hay disgustos.
Personalmente creo que ese
debate, desde el punto de vista de los autores, ya se está gastando: lo que
cuenta no es la extensión (breve, larga, larguísima) sino el contenido, el
mensaje. Los ojos de un editor serán diferentes: prefieren una novela entre 80
mil y 200 mil palabras que se vende, a muchos títulos de poesía que no se
venden. En EEUU es peor: muchos escritores escriben con la mirada puesta en una
película de su novela, porque van a ganar un dineral.
En estas circunstancias,
ya el asunto es individual; como te decía hace poco, uno como cuentista construye un cuento de 200 a mil palabras con cierta
facilidad, pero cuando se mete a las ligas mayores necesita un proceso de
adecuación. Por ejemplo, empecé una novela con ánimo de enviarla a un concurso
de Novela Breve en España, pero cuando se venció la fecha del envío no estaba
siquiera en la mitad. Siempre hay algo que se me atraviesa: reviso el diseño, la bibliografía que estoy usando,
repaso las líneas, rediseño los personajes y en este ajetreo se me va el
tiempo. Parálisis por análisis, como dice mi aforismo.
Mi novela trata del
viaje de los restos de Gardel cuando los argentinos pidieron expatriarlo desde
Medellín en 1935. Hay un personaje real que sobrevivió al accidente y se perdió:
yo lo redescubrí, le di una voz, una cara, una familia y un oficio para que
contara lo que ocurrió antes y lo que pasó después. Gardel no es mi personaje
sino el pretexto para ambientar unas situaciones políticas argentinas que
precedieron el viaje y otros pormenores de luchas por el poder que ocurrieron
aquí durante el gobierno de López Pumarejo. Entonces, mientras no termine este esfuerzo,
veré aplazada la posibilidad de diseñar una novela sobre la Violencia, en el
Quindío, que hoy tiene pocos cultores.
jueves, 26 de diciembre de 2019
los imperfectos
Hay una afirmación de la actual canciller alemana Angela Merkel que
revela una verdad de la política a veces minimizada. Dice así: “Los presidentes
no heredan problemas. Se supone que los conocen de antemano y por eso se hacen
elegir para gobernar con el propósito de corregir dichos problemas. Culpar a
los predecesores es una salida fácil y mediocre”.
Hemos leído esta versión hace poco y se nos ocurre que podemos explicarla
con otra perspectiva de esta época: empecemos por señalar que no todos los
gobernantes son perfectos. Desde el momento de tal afirmación se puede pensar que si existen gobiernos debe existir
alguna manera de solucionar el problema de los gobernantes imperfectos. Lo
complicado es cuando alguno de ellos, candidato o gobernante, ha prometido hacer
el diseño de una sociedad ideal. Es decir, cuando uno escucha esa promesa de un
candidato, lo mejor que puede hacer es salir corriendo y votar en su contra: un
ser imperfecto que cree tener el secreto de una sociedad ideal, es aún más
imperfecto que el resto de nosotros. Darle poder sería una disparate.
En consecuencia, y dentro este mismo razonamiento, si la
democracia nos obliga a elegir parecería correcto decir que uno no puede convertirse
en fanático incondicional de un candidato o gobernante al que supone como una
persona excepcional y sin defectos. Ofrecer o respaldar el otorgamiento de
mucho poder en seres imperfectos, es como ponerse a sabiendas en manos de
personas que, por ello mismo, cometerán errores y caerán en conductas
indebidas. Y algo aún más obvio: los gobernantes
son seres imperfectos que no pueden producir gobiernos perfectos. No obstante, es
inevitable que, para evitar la anarquía o el desgobierno, los pueblos caen
repetidamente en esa equivocación que la gente adivina de antemano.
La razón por la que gobernantes imperfectos se autodenominan a
sí mismos salvadores nacionales y redentores sociales, por lo general como
parte de la campaña, es precisamente por una característica muy propia de los
gobernantes imperfectos: salvo muy escasas excepciones, los gobernantes que
proponen grandes redenciones tienen una visión muy simplificada y engañosa del
mundo. Para muchos, el mundo está formado usualmente de buenos y malos, y desde
ese momento las cosas comienzan a ir por un camino incierto.
En resumen, si alguien en verdad tiene una genuina vocación de
servicio a la sociedad debería pensarlo dos veces antes de entrar a una oficina
del gobierno. Vería realizados sus sueños de servicio con mayor plenitud en las
acciones que realizan los misioneros, los enfermeros y una serie de personas
que con escasos ingresos se consagran a la atención de los demás. Vale decir
que tiene que estar preparado para ello porque la vocación de servicio se va
agotando, en especial entre nosotros, entre los vericuetos de la burocracia y
las acechanzas de los corruptos.
Piénsenlo bien los candidatos a cargos públicos a partir del año
entrante: las artimañas son muchas y la ética a menudo es incapaz para hacerles
frente. A menos que la vocación de servicio sea tan fuerte que ahogue todos lo
demás intereses y propósitos. En ese caso, lo que queda es consagrarse totalmente
al bien y vivir esa realidad intensamente.
lunes, 23 de diciembre de 2019
atrás del limbo
La parte trasera del limbo no parece nada desagradable. Allí hay cosas
para aprender.
Algunos pudieran pensar que hablamos del limbo como aludiendo al
panorama que existe entre el infierno y el cielo; otros dirán que es posible considerar
la retaguardia de una chica de certificación ISO 900, o sea muy bella, que se
desplaza por un lado de la playa sin preocuparse por las miradas que le caen de
todas partes con un goce del cual no es ajena; finalmente el limbo para otros
anuncia cualquier cosa que se encuentre en un rincón de su casa, lejos de la
mirada de los visitantes o de los intrusos que a veces fisgonean so pretexto de
admirar los jarrones, los cuadros o las cortinas de la sala.
Todos se equivocan. El limbo está ubicado en alguna parte del
cerebelo, muy cerca de esa máquina indomable que guarda los recuerdos con mucha
meticulosidad porque al recibirlos, solitarios o en manada, los pule con un
paño limpio permitiendo que algunos brillen más que otros aunque hayan sido
utilizados con más frecuencia por razones estéticas, utilitarias o simplemente
hedonistas.
Es muy difícil controlar el manejo de los recuerdos y siempre habrá
alguno más aprovechado que otro al utilizarlos para su conveniencia: es así
como se desfiguran las autobiografías de tal manera que los posibles biógrafos
encuentren una serie de atajos que, en fin de cuentas, únicamente están
camuflando las visiones de una vida.
Como los infantes no tienen recuerdos que valgan la pena, a ellos les
asignaron el discreto y menguado papel de guardianes del limbo dizque para
evitar cualquier estropicio. Pero, a medida que los niños crecen, se van
desdibujando los límites del limbo infantil y comienzan a pertenecer poco a
poco al mundo de los adultos que saben manipularlos a su acomodo. Como el
proceso es automático --y muy pocos saben hospedar en el limbo mayor las
verdaderas reminiscencias, las de verdad, las que nutren las experiencias, las
que concurren periódicamente a lo cotidiano, las que se solazan en el
consultorio de un freudiano--, entonces llegan hasta allí un montón de
impurezas que ya son difíciles de expulsar.
Desde aquel momento en que se contaminan las memorias, el papel del
limbo deviene subalterno y muchas personas, para no tener problemas con el
pasado, deciden hacerlo a un lado y acudir a su encuentro solo si existe el
peligro de que una fuga produzca un alud de acontecimientos inesperados,
inmanejables, que arruinan el limbo y lo dejan a merced de los mercenarios. De
todos modos, para los que sí saben hacerlo, el limbo representa un activo de
importantes alcances que puede someterse pasivamente cuando se lo necesite, o en
forma activa de acuerdo a unas circunstancias que hagan necesario revelarlo
para acabar una disputa o confirmar una aseveración.
En el limbo no se puede lidiar con las emociones porque ellas pertenecen
a unas categorías de conducta que solo los muy racionales pueden entender y
manejar. Este oficio, por supuesto, es el más complejo que existe por lo indomables
que son los sentimientos y el complejo territorio donde pueden gobernarse de
una manera genuina y eficaz. Es por ello que la versión utilitaria del limbo
todavía es poco reconocida, y la verdad es que, al fin de cuentas, dicha tierra
media está habitada por tortuosos que juegan al vaivén de los sucesos y
mantienen su vigencia para que los mentalistas acaso hagan su vida y se puedan
presentar en televisión.
versión de la rata
Cuenta J.G.
Ballard que una rata de laboratorio se pavoneaba diciendo: "Tengo a este
científico tan adiestrado que cada vez que presiono una palanca, me da una
bolita de comida".
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